El plan debe también tener en cuenta los previsibles cambios de tendencia en el sistema productivo y las profundas transformaciones que está experimentando el mercado de trabajo, que exigirá una respuesta firme de la formación profesional ante las nuevas necesidades formativas de los individuos y de las empresas. En este sentido, el futuro inmediato se caracterizará, entre otros, por los siguientes rasgos:
· Un envejecimiento de la población que afectará de forma desigual a sectores y cualificaciones.
· Un incremento sostenido de la tasa de actividad femenina, que requerirá más servicios a las familias que permitan compatibilizar la vida privada y la vida profesional.
· El mantenimiento de tensiones en el mercado de trabajo a causa de las reestructuraciones del tejido productivo necesarias para hacer frente a una creciente competitividad mundial.
· La persistencia de importantes desequilibrios territoriales en las tasas de paro y en la calidad de la ocupación.
· La existencia de un volumen elevado de ocupación de baja calidad en términos de estabilidad, nivel de cualificación y de nivel retributivo, como característica del modelo productivo desarrollado en las últimas décadas.